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martes, 17 de marzo de 2015

El por qué los escritores se suicidan

"El romanticismo es darle importancia a algo que no necesita tenerla,
el romanticismo es convertir un momento cotidiano en único".

Todo se resume en una cosa, romanticismo.

El perfil de un escritor siempre me ha llamado la atención. Es ese tipo de persona que entra a un chino a comprar un paquete de chicles, sale a los 5 segundos y lo cuenta de esta manera : “Era como todas las demás veces, pero esta vez le miré a los ojos. Aquellos ojos rasgados se posaron en mí y, en una fracción de segundo, me transmitieron el duro pesar del tiempo y el cansancio que un viaje de miles de kilómetros lejos del hogar puede producir…”

Este es el escritor, alguien capaz de convertir un momento de mierda en un increíble e irrepetible encuentro.
Y esto, señores, se llama romanticismo. Una sensibilidad por encima de lo permitido, algo así como el colesterol de un americano. El escritor es un tipo capaz, interesante, orgulloso en algunos casos y sobre todo soñador. Pero externamente. Por dentro es una masa romántica de cada minuto y acto de su vida, que se balancea con la misma facilidad que un flan.

Todo esto dicho, me lleva a la siguiente conclusión: el artista es un desgraciado. Ilustradores, pintores, músicos, escritores… viven en un mundo de “hacer para los demás”, no existe un cuadro si nadie lo ve, no existe una canción si nadie la escucha, no existe un libro si nadie lo lee. Y esto, no es un don, es una maldición en toda regla. Significa que como artista no dependes de tu talento, ni de tu esfuerzo (aunque no llegas a ningún sitio sin estas dos premisas). Dependes de la gente, del público objetivo que te juzgara y destripará sin piedad si es necesario. Y esto, señores, es una espada que apunta a tu corazón permanentemente para una persona que camina por los senderos del romanticismo.
Entre todas las ramas artísticas, centrémonos en los novelistas. Uno de los gremios con más índice de suicidio según las estadísticas.

De todo lo que puede crear un artista, la novela es lo que más tiempo implica. Una canción puede componerse en veinte minutos de inspiración, un cuadro en una semana o un día, una novela requiere de meses o años en estar completa. Esto quiere decir que la expectación se multiplica y la espada más tensa que nunca.

Pongamos una situación, la del 50% de los escritores (es un porcentaje a ojo, y creo que he sido generoso a la baja). Un tipo, desencajado en el mundo, demasiado soñador y curioso para un mundo resultadista, decide dedicarse a lo único que por desgracia le llena, la maldición de escribir. Así que por un año y medio lo deja todo para crear su novela, no es una obra maestra, no quiere la gloria aunque ya le gustaría, tan solo se conforma con entrar en el mundo en el que encaja. Ha sacrificado mucho, y por fin con lágrimas en los ojos recibe su ansiado primer parto, su primera novela. Pleno de felicidad, lleno de ambición, empieza su carrera publicitaria. No olvidemos que hablamos de alguien que se ha tirado al pozo del romanticismo y el drama y la tragedia forman parte de su vida. En el momento de mover su obra de lado a lado, se encuentra con que no solo no tiene mucho respaldo (con eso ya contaba) sino que tiene menos aún. Mucha gente le compra pero no le lee, algunos que él quería que lo leyeran ni lo compran, no llama la atención de ninguna editorial o siente el abandono de la misma si ya tenía una… cae en una espiral de derrotismo.
Este ejemplo, es la principal razón por la que la mayoría no llegan a su segunda novela.

Para el novelista, el motor que le hace seguir adelante, es la gente. O más concretamente, que la gente le hable del libro. Una pareja que te apoye, ese amigo que siempre está dispuesto a tragarse los borradores y opinar, las críticas literarias, etc… Los hay expertos sociales, carismáticos entre su gente que salen de este matadero victoriosos. Pero también los hay del otro extremo, antisociales, petulantes o simplemente normalitos, que no salen bien parados.

Ahora, señores, imaginen que una persona sensible, que no ha tenido mucha suerte, que ha sufrido el palo de la derrota, decide invertir otros dos años en crear otra novela con igual o peor resultado. El suicidio es una opción. Lo es porque es romántico, porque no encaja en este mundo y en lo único que lo llenaba, fracasaba. En muchos casos de suicidio se da el caso de una ruptura amorosa como detonante.
 Soy escritor y solo tras observar todo esto de primera mano, he podido corroborar todo esto que estoy contando como cierto. Eso no quiere decir que vaya a suicidarme si me sale mal la cosa, nunca he sido muy dramático, pero me apetecía comentar esta apreciación. En parte porque a lo mejor alguien lee esto y le sirve para concienciarse o conocer más este mundo, en parte también para desmitificar la figura del escritor.

El escritor es dramático, soñador, inadaptado, curioso, dependiente emocional… un desgraciado, carne de suicidio.


Y sin embargo, de sus sueños salen mundos e historias que avivan la imaginación del resto. Un creador maldito, pero libre como un filibustero al timón de la profesión más bonita del mundo.

4 comentarios:

  1. El escritor es un bicho raro, tú eres un bicho raro del reino mojigato. Pero no siempre la escritura le lleva al suicidio. A veces es al revés, las tendencias suicidas lo llevan a la escritura.

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    1. Cierto, y no sería raro ver que palabras escritas con maestría desde el fondo de un pozo

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  2. No tienes ni pajolera idea. Empieza por leer a los clásicos y sigue por ejercitar la autocrítica. Déjate de chorradas, busca a Faulkner, a Tolstoi, a Borges, a Cervantes... Ah, el Romanticismo es una corriente literaria del siglo XIX, no un estado del alma atemporal. Lee.

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  3. 1. m. Movimiento cultural que se desarrolla en Europa desde fines del siglo XVIII y durante la primera mitad del XIX y que, en oposición al Neoclasicismo, exalta la libertad creativa, la fantasía y los sentimientos.
    2. m. Modo de expresión artística y literaria que responde a los planteamientos del Romanticismo.
    3. m. Época en que prevaleció el Romanticismo.
    4. m. Sentimentalidad excesiva.
    5. m. Cualidad de romántico. Atraía a las mujeres por su valentía y por su romanticismo.

    Leo bastante, incluso soy de los que leen más del primer punto.

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